Todo lo que necesitas

TODO LO QUE NECESITAS

Los indios de la bella región de Kuramujaro eran muy felices. La generosa naturaleza que los rodeaba les ofrecía infinidad de alimentos, materiales con que hacer viviendas y ropa, y todo lo que podrían necesitar. Cerca del poblado había un río lleno de vida, donde bebían un agua siempre fresca, donde se bañaban y divertían. Por el día trabajaban el campo, siempre agradecido, que les daba vegetales y deliciosas frutas. Por la noche danzaban alrededor del fuego o se tumbaban en la hierba para ver, llenos de tranquilidad, las estrellas brillando en el cielo.

En ese lugar maravilloso todo era de todos, todo se compartía, a nadie se le cerraba la puerta y todos vivían en comunidad. Los ancianos contaban historias increíbles, de dioses y monstruos que todos escuchaban extasiados. ¡¡Los niños jugaban sin peligro y todo era paz y armonía!! No se podía ser más feliz, todos pensaban que el lugar donde vivían era el mejor lugar que nadie podría soñar…

Un día, uno de los indios decidió marcharse para conocer otros lugares. Nunca nadie antes que él lo había hecho, no podía existir otro lugar en toda la Tierra como aquel, así que ¿por qué iban a querer irse de allí? Sus amigos y familiares pensaban que estaba loco… ¿Para que querría marcharse si allí tenía todo lo que necesitaba? Pero el indio estaba decidido, metió algo de ropa y comida en un hatillo, y se fue de allí.

Pasaron los meses, pasaron dos años, la vida en el poblado seguía siendo paradisíaca, todos eran muy felices y nadie se quejaba. Los niños seguían jugando, se lanzaban al río desde los árboles, los mayores seguían cultivando la bendita tierra que les daba todo el alimento que necesitaban. Por la noche seguían danzando alrededor del fuego y todos seguían escuchando las fascinantes historias mitológicas que narraban los más viejos. Todos se preguntaban que había sido de su amigo. Estaban de acuerdo en que pronto volvería, porque no había en ningún sitio un lugar tan maravilloso como el lugar donde vivían y lo estaría echando mucho de menos.

Un día, el indio que se había marchado regresó al poblado. Sólo había estado fuera dos años, pero su aspecto era muy diferente ahora… Ya no vestía el sencillo atuendo de la tribu, sino una ropa occidental, incómoda para la selva. El indio contó que había estado en la ciudad, que allí todo es muy diferente. Les enseñó unos cuadrados de papel que llamaba “fotografías”, en ellas se veían calles en vez de caminos, edificios en vez de las casas del poblado, gente vestida con camisas y pantalones que iban a sus trabajos.

El indio les dijo que en la ciudad tiene un trabajo, que vive en un apartamento muy cómodo… que no tiene que salir fuera para conseguir agua porque a él le llega hasta su casa, que ya no se esfuerza en cultivar la tierra porque tiene alimentos envasados que compra en la tienda; que tiene un coche con el que hace excursiones; que ya no le hace falta escuchar los cuentos de los ancianos porque ahora tiene una televisión, y con este aparato puede ver todos los lugares del mundo.

A los más pequeños les contaba que los niños de la ciudad se divierten con videojuegos; a los jóvenes les decía que a él ya no le hace falta danzar alrededor del fuego porque cuando quiere va a la discoteca, y allí baila con chicos y chicas de su edad. A las mujeres de la tribu les cuenta que las mujeres de la ciudad no necesitan salir de sus casas para lavar la ropa, y que allí, todas van con la cara maquillada y tienen muchos vestidos.

A los hombres les cuenta que en la ciudad todos trabajan para conseguir dinero, y con el dinero pueden comprar muchas cosas. Como los indios no saben qué es eso que llama “dinero”, el indio de la ciudad les enseña a todos un billete y unas monedas. El indio de la ciudad también trae regalos: muñecas y coches de juguete para los niños… y vestidos y trajes para los mayores. El indio de la ciudad se ha vuelto a marchar…

Ahora los indios de la tribu ya no son felices. Los niños ya no juegan en el río porque quieren tener videojuegos, las mujeres ya no quieren ir a por agua hasta el río, no es que el agua del río este ahora sucia, lo que sucede es que quieren que el agua vaya hasta sus casas, como en la ciudad. Los hombres ya no quieren ir a pescar o a cultivar la tierra, piensan en los hombres de la ciudad con sus carteras llenas de dinero con las que compran muchas cosas. Ya nadie va a escuchar a los ancianos, también ellos quieren tener televisión, con muchos canales, para verlo todo, como en la ciudad. Los indios ya no son felices y quieren emigrar… la naturaleza les da todo lo que necesitan, pero eso ya no les basta…

¿Eres tú feliz con lo que tienes, o también quieres más?

Extraído del libro “El libro de los cuentos”

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